jueves, 29 de diciembre de 2011

Al otro lado del daño involuntario

Hablar del daño que una persona le causa a otra es fácil si somos meros observadores situados en un punto exterior a la línea de fuego, que es la línea del daño mismo. Desde esa posición no nos resulta complicado denunciarlo, condenarlo o justificarlo, o lo que es lo mismo: juzgar y dictar sentencia. Tampoco es difícil permanecer al margen.

Un poco menos fácil es verbalizar o denunciar un daño que se nos ha causado cuando estamos a este lado, es decir, en un extremo de una línea de daño, que nos apunta. La dificultad para expresarnos puede venir del respeto que sentimos por la persona que nos hirió, o del miedo a veces, otras porque no queremos dar una imagen victimista, otras porque comprendemos que existe el daño involuntario y esta vez nos ha tocado ser objeto del mismo... Sin embargo, aunque nos callemos, sentimos tener todo el derecho de gritar de dolor, de frustración o de humillación. Desde luego, lo que no podemos hacer es permanecer al margen, porque somos nada más y nada menos que la parte herida.

Y subiendo en la escala de dificultades, lo más difícil y también lo menos frecuente, es hablar desde el otro lado del daño, que es el punto inicial de la línea que por el otro extremo apunta a la persona herida. Desde esa posición podemos no sentir nada -por fortuna es lo menos frecuente- o sentirnos culpables, por más que la Psicología nos intente convencer de que no tenemos culpa de lo que no hemos podido/sabido evitar (dicho sea de paso, actualmente también nos intenta convencer de nuestra falta de culpa en los daños voluntarios que causamos, lo que me parece casi una aberración). Para salvar este sentimiento de culpa, podemos encogernos de hombros y seguir el camino con la cabeza gacha, o escapar lo más lejos posible de la persona herida o de las que están fuera de la línea del daño pero toman partido en favor de ella. En cualquier caso nos proveemos para el camino de cualquier argumento atenuante o eximente que, llegado el caso, pueda servirnos como defensa. De lo que no hay duda es de que nos resulta tan difícil permanecer al margen como pedir disculpas, porque disculparse implica autoinculparse.

No ha amainado del todo la tormenta que me llevó a enclaustrarme, y así habría tenido que seguir, enclaustrada, durante mucho más tiempo, sin permitirme vacaciones ni escapadas lúdicas ni eróticas ni festivas, porque cuando aún sopla la ventisca es muy probable ponerse a dar palos, de ciego pero palos al fin y al cabo. Confieso que, involuntariamente -y con la mejor intención, pero eso no debería contar porque ya soy mayor como para saber prever ciertas cosas- he hecho daño a más de una persona en el transcurso de los últimos meses. Me pesa. Lo siento.

7 comentarios:

Pena Mexicana dijo...

Yo soy de las que piensan que cuando una hace daño a alguien y se da cuenta, debe reconocerlo y pedir perdón... para ello es necesario tener un cierto grado de madurez y efectivamente no todo mundo lo tiene. Creo también que la culpa es inútil si se queda en culpa, es decir, si nos dedicamos a "sufrirla" y nos recreamos en lo mal que nos sentimos. Es una manera de quedarnos centrados en nosotros mismos... supongo que no puedo dejar de ser maestra y lo veo todo en términos de aprendizaje. La culpa pues, debería ser algo así como el inicio de una experiencia que nos permitiera aprender de los errores cometidos para no pasar de nuevo por allí. En ese sentido si que tiene utilidad.
En fin, que el claustro sirva para sanar heridas, no para sentirse culpable...

besitos

Gutapercha de Jabariego y Gerúndiez dijo...

La persona que hiere y la herida sufren esa traumática y temporal realidad que se basa, principalmente, en que el daño en sí tiene como principal compuesto un sentimiento previo y sincero totalmente ajeno a lo que al dolor se refiere. La grandeza de las personas involucradas se pone de manifiesto cuando ambos pacientes son capaces de asimilar por vía intravenosa (directa al corazón) la medicación ad hoc, léase,

1.-Analgésico, 500 mg de Dialoguina (calma y mitiga los efectos del dolor)
2.-Antipirético, 2 viales de Calmatotalis (Elimina la subida brusca de la temperatura)
3.-Antibiótico, Clara Mentis Forte, un comprimido cada cuatro horas (combate a la bacteria de la confusión y el desasosiego)

En el caso de que el paciente advierta los primeros síntomas de recaída, administrar una generosa cantidad de Amistadona Gel, uso tópico.

Mucho ánimo, Sor Ella, estas cosas pasan y “pasan”, Seguro que el tratamiento contará con el visto bueno de Sor Nífero, la encargada de la enfermería. :)

chris dijo...

Cualquier cosa que diga va a redundar de un modo muy pero que muy soso en lo que ha dicho la maestra Pena y nuestra adorada Gutapercha. Madre mía, cuánta sapiencia reunida!!

Sor Ella, creo que te honra y mucho, pedir disculpas por el daño que hayas podido causar. Nobleza y humildad a partes iguales.

Un abrazo!

farala dijo...

pues yo me meto, sin saber mucho en dónde, pero lo hago.

a menudo he pensado que Sor Ella y yo nos parecemos en lo entregadas, en lo pasionales, (en lo locatis, al fin y al cabo).

y a mi me costó mis buenas horas de terapia y un buen puñao de maravedíes (para que Gutapercha me entienda)comprender que el daño involuntario era un daño necesario para mi propia supervivencia,
y que no debería sentirme culpable en absoluto. es más, cuando yo repetía "es que no puedo evitar pensar cómo me sentiría yo si me pusiera en sus zapatos" se me contestó airadamente: ¿¿¿no te parece un acto de soberbia increible pensar que puedes, ni remotamente, ponerte en la piel de otra???

así que ahora me limito a hacer lo que creo conveniente, y si provoo dolor (voluntariamente) pues pienso que es eso, involuntario...

farala dijo...

debería poner:

provoco dolor (involuntariamente)

María dijo...

Supongo que es normal sentir esta espiral de sentimientos, dolor... es normal en estos casos. Lo bueno es reconocer los errores e intentar no hacer más daño, ni a los demás, ni a tí. Y a seguir viviendo...

Mármara dijo...

Es muy complicado, esto que planteas, querida. Por mis partes, decirte que la culpabilidad es muy mala compañera de camino, porque ni ayuda a resolver, ni a sentirse mejor, ni a nada. Y, más te digo, el sentimiento de culpabilidad es directamente proporcional al chantaje emocional.
Así que, ¡hala!, ya que has hecho el acto de contrición y el propósito de la enmienda, a librarte de culpas y pesares, y a disfrutar de la vida.