- Ahí a la derecha está la lista de blogs que sigo. Todos están escritos por mujeres, casi todas son lesbianas, muchas se dedican a la enseñanza, casi todas pasaron los treinta-y-pico y todas escriben bien, es decir, se expresan correctamente y saben expresar aquello de lo que desean dejar constancia o quieren transmitir.
- Es obvio que a todas les gusta contar cosas y con ello buscan cualquier objetivo, desde satisfacer la necesidad de escribir, hasta el de ser leídas, abrir debates, crear polémicas, compartir puntos de vista o incluso ligar.
Soy bloguera, y eso indica que a mí también me gusta contar cosas, pero... con los datos del punto 1 se puede saber mucho más acerca de mí y de mis gustos sin ni siquiera haber leído una sola de mis entradas. Ya con esa información estaré en una lista de, pongamos, 30 candidatas a ser yo misma, mi persona real o la persona virtual de la que dejé rastro en otros blogs o publicaciones mías anteriores. Si a eso le añadimos que tengo un blog, podemos fijarnos en el tipo de plantilla o de letra que he elegido y, para mentes más especializadas, en cuál es mi estilo de escritura, coletillas que utilizo, extensión de mis entradas, etc. Eso reduce considerablemente la lista de candidatas a ser yo misma. Vemos a quién le comento, quién me comenta, en qué tono lo hacemos... Ahí se ve a quiénes posiblemente conozca personalmente, el tipo de relación que nos une, si es personal o virtual, amistosa o de pura vecindad...
Conclusión: No hace falta ser Sherlock Holmes para determinar con una alta probabilidad de acierto quién es quién a través de su blog, salvo primerizas, que no han dejado rastros anteriores.
Con esta introducción -larga como cabía esperar de mí por parte de quienes conocen mi forma de expresarme- vengo a decir que por más que nos vayamos mudando de un blog a otro con tal de mantenernos anónimas o inexistentes para determinadas personas, bastan como mucho unas semanas para que nos identifiquen con un nick anterior, máxime si quien nos busca vive solo para encontrarnos.
Sin ir más lejos, este blog fue inaugurado casi a las 7 de la mañana de un día de octubre. No habían pasado tres horas y mi fan secreta más obstinada -a la que conozco de cara, nombre, vida y milagros- ya lo había localizado a través de un comentario que dejé en otro blog, y eso que usaba un nick diferente. De hecho la idea de cambiar de blog no fue por pasar inadvertida, sino que el nuevo blog fue mi símbolo de un cambio de vida, habiendo dejado la que acababa encerrada en el blog anterior. (Otras veces he cerrado un blog "para siempre" -que luego resultó ser una temporadilla- por tristeza). A mí no me molesta en absoluto que mi fan secreta me lea cada día cinco veces como promedio -aunque no me haya dejado ni un solo comentario en años- ; ya leía mi anterior blog con la misma o mayor voracidad desde que lo creé. Incluso tengo mis sospechas de que me lee para saber cuándo me pasa algo horrible y así correrse de gusto. ¿Y qué? no la voy a privar de semejante placer, ni aumentaría mi dolor el hecho de que ella se lo disfrutase. Por mí, con toda esa penita, como si se cayera el mundo. Y quién sabe, lo mismo soy su amor imposible. Tanto da, me trae al fresco.
Conozco a varias amigas blogueras que tienen su pesadilla particular, de estilos e intenciones muy distintas, pero siempre ahí, siguiéndolas, escrutándolas, "amándolas", analizándolas, sojuzgándolas... De ellas, unas siguen con el mismo blog desde que lo crearon hace años, otras se mudaron y volvieron a ser localizadas, algunas cerraron el chiringuito y se dedicaron al macramé. Pero si nos gusta escribir, seguiremos haciéndolo. Nos gusta estar rodeadas de otras con las que nos sentimos afines y las seguiremos enlazando y comentando. Salvo que nos vaya la vida en ello, considero que nada ni nadie nos tendría que hacer sentir en la obligación de dar un paso de más ni de menos en el recorrido que nos hemos marcado en la vida, aunque solo sea un recorrido bloguístico.
Con eso no estoy criticando a las blogueras nómadas por persecución, sino animándolas a "pasar" de personajes importunos, porque al escapar les estamos dando nosotras un poder del que carecen. ¿No dicen que los perros huelen el miedo y ahí atacan? No solo los perros lo hacen.




