Soy el espíritu de Sor Virtudes, abadesa en funciones post mortem desde el día 9 del corriente mes de diciembre, fecha en la que sor Ella se encerró con siete vueltas de llave en su celda, en la que yo me cuelo por la puerta o por los muros -para algo soy incorpórea- cuando quiero espiarla o hacerle compañía. Sigue condolida y callada. De tarde en tarde acepta la visita de algunas hermanas con las que comparte secretos y ternuras, solo de aquellas que visten hábitos ligeros o van desnudas, y siempre de una en una.
Conmigo le gusta hablar porque dice que más sabe la diabla por vieja que por diabla, y más si ya ha llegado a la calidad de espíritu puro. Ella cuando quiere hablar de un tema empieza por una pregunta, algo por lo que a sor No se la llevaban los demonios, porque decía que daba mil rodeos para llegar a un punto. A mí, en cambio, me gusta darle bola. ¡Lo que aprendí yo en vida perdiéndome en rodeos! El otro día me preguntó:
Conmigo le gusta hablar porque dice que más sabe la diabla por vieja que por diabla, y más si ya ha llegado a la calidad de espíritu puro. Ella cuando quiere hablar de un tema empieza por una pregunta, algo por lo que a sor No se la llevaban los demonios, porque decía que daba mil rodeos para llegar a un punto. A mí, en cambio, me gusta darle bola. ¡Lo que aprendí yo en vida perdiéndome en rodeos! El otro día me preguntó:
- ¿Se puede vivir sin amor?
Quise saber más antes de responderle, porque a mi saber y entender no es sano vivir sin amor, tanto el no darlo como el no recibirlo causan tristeza y un montón de patologías. Pero no sé si ella quería preguntarme eso exactamente o más bien...
- ¿Te refieres a vivir sin pareja?
- No, sor Virtudes, me refiero a vivir sin amor. Sor No me dijo que yo no sabía vivir sin amor; llevo días reflexionando sobre eso y me parece que yo no sabría, no podría o, por lo menos, no querría. Creo que no sé vivir sin amor, pero tú has afinado bien con tu pregunta porque ella piensa que lo que no sé hacer es vivir sin pareja.
- ¿Y sabes?
- Ya ves, estoy viva.
- Pero no eres feliz.
- No soy feliz porque la quería y lo nuestro fue un querer y no poder de las dos. Me agoté.
- Está claro que querer y no poder no lleva a ninguna parte, solo a la frustración. Y ahora te pregunto más: ¿Estás enamorada?
- ¿De quién?
- De ella, de alguien.
- Casi siempre en mi vida estoy enamorada, de ella o de alguien -Una respuesta a medias que me dejó con la curiosidad en vena.
- ¿Y siempre que te has enamorado has vivido ese amor en pareja?
- No siempre, pero frecuentemente. Enamorarme y que se enamoren de mí implica unos deseos por ambas partes de estar cerca, de compartir muchas cosas... Y luego el sexo, el sexo me gusta, todo lo que conlleva, que no es solo el sexo puro y duro, es mucho más, es la gloria ¿y qué mejor que vivir la gloria muchas veces con quien me gusta a morir?
- Creo que ahí sor No te tiró una carga de profundidad, para hacerte creer de ti misma que te conformas con migajas con tal de tener una compañía permanente. Hay mujeres y hombres que lo hacen. ¿Has compartido cama y piel con alguien de quien no estuvieras enamorada?
- Claro que sí, muchas veces, pero no más de unas horas. Sor No sabe bien lo que hago con las migajas.
- Entonces sabes vivir sin pareja, pero te cuesta vivir sin pasión.
- No sé si es pasión la palabra justa, pensaré en ello.
La dejé con sus pensamientos. Enamorada casi siempre, dice ella. ¿Lo estará?

