De las once flores del convento, dos no han acudido a las urnas, dos han votado por correo, tres se han aventurado a llegar hasta las urnas a cara descubierta y otras cuatro votamos desde el coche. Éramos sor Amor, sor Alicia (la de las galletas de la virgen María), sor Casta y servidora. Nos han sacado en la tele y todo a las cuatro cuando el presidente de la mesa electoral se ha acercado hasta el coche, escoltado por la policía, y nos ha tomado los votos, uno a uno. No los de castidad, que esos no los llevábamos encima -excepto sor Casta- ni venían a cuento, sino los de las elecciones del día de hoy al Congreso y al Senado.
No es que llevemos tan a rajatabla lo de la clausura o que nos neguemos rotundamente a que nos vean las caras o se fijen en nuestro bamboleo de caderas, es que -por más que los medios hayan disfrazado la noticia con motivos religiosos o de edad- lo que ha ocurrido de verdad ha sido que la policía no ha dejado salir del coche a sor Casta, creemos que debido a las características de su hábito (en la foto no se ve entero, pero es que por abajo es mu fuerte, Mari) y las demás nos hemos solidarizado con ella y tampoco hemos querido salir. "¡Todas somos sor Casta, que vengan a tomarnos los votos!", dijimos. Nuestro deseo se hizo orden y nuestra orden se hizo voto. Amén.
Durante el día de ayer, incluida parte de la noche, haciendo uso de nuestro derecho a reflexionar, sor Alicia, sor Amor y yo reflexionamos juntas y más bien parecíamos tertulianas de La Noria que serenas y bien avenidas hermanas de la O.D.L. (Orden de Lesbos) a decir de los gritos que nos dábamos cuando unas a otras nos intentábamos convencer de a qué partido votar, a cuál no votar, sobre si abstenernos o votar nulo. Por una-nimiedad llegamos a un acuerdo: no votar a ningún partido que fehacientemente se haya manifestado en contra de los derechos de nuestra Orden. Por lo demás, y para abandonarnos al sueño en paz con nosotras mismas y con las demás, decidimos dejar que cada cual hiciera de su capa un sayo.
Os dejo, que nos vamos todas -menos sor Casta- al refectorio a jugar al bingo electoral mientras asamos unas morcillas de Burgos en la chimenea.