Mostrando entradas con la etiqueta sor Casta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sor Casta. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de noviembre de 2011

Sor Virtudes ha muerto, viva sor Raimunda



Han pasado once días desde que se presentó a nuestras puertas una desconocida que ingresó en el convento bajo el nombre de sor Casta. Su misión personal: autocastigarse. Once días y todavía no se ha autocastigado, se le han pasado las ganas. Es más, participa activamente en el huerto, en la cocina, en la limpieza, y ríe sin parar. La magia intramuros tiene sus efectos milagrosos. Hoy día forma parte de nuestra comunidad de pleno derecho. Ya puede participar en las tertulias de la hora sexta y gozar sin restricciones de la liberté, la egalité y la sororité que se respiran en el convento.

Anteayer quedó con la antigua abadesa nonagenaria (y sorda), sor Virtudes, para charlar y merendar juntas. Sor Hortensia preparó para la ocasión sus galletas de la virgen María, aparte de café, bollos y tetillas de monja que les sirvió sor Terita. Aún no sabemos cómo transcurrió la merienda, aunque nos consta que se prolongó hasta el amanecer, porque sobre medianoche sor Casta pasó por aquí y dejó esta nota:
yujuuuuuuuuuuuuuu!!!!! iba pa la cochina a coger más galletitas. Y es que no me llegnan, creop que adelgabzan porque siento que vuelo.

Venía a pregungar si de verdaz Sor Virtudez no oye, yo creo que si porque mientras cenatamos y charlagamos me miraba mu fijab y se reía muchov. Voy a seguif chazlando.

Manana a la hora esa ya te cuenxo máz
A la hora sexta (la hora "esa" según sor Casta), no se presentó a la tertulia, pero había dejado una nota dirigida a mí que decía lo siguiente:

Querida sor: 
Encontrábame yo esta mañana algo desorientada, perdida, sin rumbo. Sor Virtudes no me hacía caso y decidí salir a pasear por el jardín.  
El aire frío espabila, eso dicen, pero al acercarme a la tapia oí una voz de mujer que me siseaba ssssssss, sssssssssss, sor Castaaaaaaaa, me llamó a gritos. No recuerdo bien su nombre, era algo como grillo y me dijo unas cosas, ay sor, que cosas me dijo. 
Estoy llorando Sor, lloro, y es que cuando no puedo dejar de reir se me saltan las lágrimas.  
La conversación ya te la susurraré al oido que me da yuyu que me lea el grillo pero por las diosas de tu convento yo pido, pedir no, exijo que se me cambie el nombre a Sor Raimunda pero antes avise a las hermanas de que no me llamen Rai que me suena a mata-cucarachas. 
Ahora voy a cambiarme de ropa y a conectarme por internet que de lo que necesito aquí no hay. 

Sor Ex-casta.
¡Misterioso! No entiendo nada.

Viendo que sor Virtudes no acudía tampoco a la tertulia, un destacamento se acercó a su celda. Allí estaba sobre el catre, boca arriba, rejuvenecida, con una dulce sonrisa y, sobre todo, muerta. En las manos tenía un sobre dirigido a Gutapercha de Jabariego y Gerundiez. Aún desconocemos los secretos que contiene.

Sor Virtudes se ha marchado feliz como vivió. Sor Casta pasa a denominarse sor Raimunda. Le ha sentado muy bien la estancia en el convento y sor Virtudes le deja en herencia su celda, la número 9. Estaba escrito y firmado sobre su mesa: Lego mi celda a sor Raimunda, hermana y amiga del alma.

¡Sor Virtudes ha muerto, viva sor Raimunda!

jueves, 17 de noviembre de 2011

Esto no es un SPA, sor Casta

Ya hemos alojado a la embozada recién llegada, que ha tomado por nombre el de sor Casta. Por decisión unánime la hemos trasladado desde la celda 21, con vistas al amanecer, a la celda 25, con vistas -tapiadas- al mar y sin calefacción. En la celda hay un pequeño camastro de 80 centímetros de ancho, mesita de noche, una mesa con flexo y una estantería vacía.   La celda es colindante con la 27, de sor Amor. 

Ahora llega el momento de ayudarla. Ya sabemos que no somos de la caridad pero eso no implica que no hagamos casi de todo las unas por las otras, con sentido del humor, sin sacrificios ni zarandajas.

Ella quiere castigarse, pero nos lo ha dejado claro: nosotras no podemos castigarla personalmente -de momento-. Por otra parte, aunque parece que hablaba de dolor físico para contrarrestar o anular el dolor del alma, yo no me creo mucho esa teoría, porque si estoy triste y desconsolada lo único que me falta es que me duela una muela para hundirme en la miseria. La proveeremos de lo necesario para que sufra como prefiera.

Por parte de la comunidad hemos echado mano de los primeros auxilios, y prueba de ello es la celda que le hemos asignado. Todavía queda que le hagamos algunos regalos que llenen sus estanterías, cajones y alma para que se sienta lo mejor peor posible.

Por mi parte le voy a regalar un trabajo y dos cosas materiales:

  • entender a sor Amor y que luego me lo explique,
  • un ejemplar de Yo no soy yo, evidentemente, de Torrente Ballester,
  • un hábito que me hice por carnavales, del que dejo foto:

Ya ha tenido promesas de regalos en los susurros del anterior post, que dice aceptar unos de buen grado y otros de mala gana. El que peor va a llevar será el de no poder participar de las comidillas tertulias de la hora sexta, ofrecido por la hermana Gutapercha de Jabariego y Gerundiez. No hay de qué, para eso estamos, sor Casta. Esperamos que en breve puedas abandonar el convento convertida en sor Raimunda.

Al entrar en la celda me ha pedido que, por favor, alguien le regale un berbiquí de barrena o un taladro eléctrico, cuyo destino no ha querido desvelarme, pero sé que no es para colgar cuadros.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

¿Qué hacemos con la de la celda 21?

Ayer, bien entrada la noche, me despertaron los campanillazos del torno. Salté de la cama y volé hasta la entrada. Pregunté ¿quién va?, mientras me asomaba por la rejilla. Envuelta en la oscuridad adiviné la silueta de una mujer joven que me susurró: "Querría ingresar en el convento, al menos durante una temporada. No pertenezco a la ODL pero simpatizo con vosotras. ¿Podría ser?"

Le abrí el portón y la invité a pasar. 

- Tenemos muchas celdas vacías, podría enseñártelas para que eligieras una -le dije.

- No. Yo ya he hecho la elección. Quiero la celda de castigo.

- Aquí no tenemos de eso, amiga, pero ¿acaso pretendes que te castiguemos?

- ¡No, no! Vosotras no. Quiero castigarme yo misma. Necesito látigos, cilicios y cualquier otro elemento de auto-tortura que me podáis recomendar.

- ¿Qué culpas terribles quieres purgar?

- Cosas mías.

- Bueno, bueno, ya hablaremos de todo eso mañana, después de reunirnos todas para ver si se acepta tu ingreso. Ahora necesitas dormir. Provisionalmente te voy a llevar a la celda 21, con vistas al amanecer.

¿La admitimos o no?

En caso de que sí, ¿qué nombre de sor le ponemos/sugerimos?