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lunes, 19 de diciembre de 2011

Tengo un corazón de piedra

Descansa en paz, Sor Virtudes, que me quedo al mando.

El sábado descorrí las siete vueltas de llave de la celda y las tres del portón y salí al mundo exterior para celebrar mi cumpleaños, una salida que llevaba preparando con ilusión desde mucho tiempo atrás. Acostumbrada a que los planes en los que incluyo a otra persona corren el riesgo de irse al traste, como ha sido el caso, he ido desarrollando con los años una extraordinaria habilidad para improvisar planes B, y el de esta vez ha sido de verdad emotivo, tanto como para mandar a sor Virtudes a la jubilación celestial y ocuparme de lo que es mío.

Dónde estuve y con quién, me lo guardo, pero sí tengo que decir que volví llena de regalos: los que me hicieron y los que traje para dar. 





Me regalaron: un hogar acogedor, abrazos apretados, sonrisas y risas, palabras, oídos, mimos, historias fascinantes y desconocidas, tiempo, llamadas, correos, confianza, "cositas" llegadas y aún por llegar, el happy birthday en tres idiomas, un improvisado y divertido desayuno de cumpleaños con dos velas sobre una medianoche rellena de chorizo de Pamplona... 





La niña que trae suerte

Mención aparte merece una piedra violeta con forma de corazón que puso en mis manos, con la sonrisa dibujada en sus ojos de azabache, una niña preciosa que tenía los dedos pintarrajeados de rotulador.


Me dio por pensar que ese regalo me podría traer mucha suerte, por lo menos en el amor, que ya le vale a Afrodita los nueve meses que me está dando.

Irresistible



Mientras alguien me ofrecía un chocolate caliente con nata y canela, un mensaje inesperado de felicitación vibró en mi teléfono. Pasaban de las dos de la tarde. Siempre es hora y nunca es tarde si a mí me gusta.

El día en sí resultó ser un regalo: Extensiones de vida en tonos azules y dorados, el sol, la música, el viento. Enredado con ellos, un sueño.

Al convento traje pequeños y grandes regalos de Navidad. Cada regalo tiene un significado oculto que solo su destinataria puede descifrar.

  • Un despertador minúsculo para la pequeña sor Todouda, la dormilona.
  • Un cachorro para sor Terita, que en la puerta de su celda tiene escrito "Cuidado con el perro, tiene sentimientos", pero no tenía perro.
  • Un recetario de galletas milagrosas, para sor Hortensia.
  • A sor Alicia del País de las Maravillas, un puñado de ternura confitada.
  • Para sor Rita, unos pompones morados.
  • Una bola de cristal para sor Gafi.
  • Una idea "interesante" para el próximo viaje de sor Marca Pola.
  • Para sor Raimunda (antes sor Casta) un picardías de color rosa.
  • A sor Misterio, un hermoso sueño de diez mil noches.
Todos los regalos han sido entregados, excepto el que traje para sor No: Un "no recuerdo" envuelto en papel azul mar. Sin yo saber lo que contiene, sé que a ella le gustaría, pero solo podrá tenerlo el improbable día en que venga a verme... desnuda.

Cuando faltaba un minuto exacto para que terminase el día, recibí el regalo más sorprendente de todos cuantos me han hecho jamás por mi cumpleaños. Inesperado, deseado, vibrante, de fuego. Como para derretir un corazón de piedra.

No hay motivo de preocupación por mi precioso corazón violeta: lo mantendré a salvo junto a mí  por los siglos de los siglos.

Amén




P.S. Farala, Kali, Elenita, Kika, Luz, Bárbara, Eva, Marcela, Merce(des), Ángela, Lena, Tom, Andrea, Chris, papá, mamá, Babe, Antonio, Esther, Pupe y aquellas que (pienso) no querrían ser nombradas: ¡GRACIAS!