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lunes, 9 de enero de 2012

Explicar el convento y noticias de última hora

Para muchas de vosotras sobran las explicaciones sobre qué es el convento, qué significa, quiénes viven en él y por qué. Otras se sienten desorientadas:  ¿Es realidad o es ficción lo que escribes en tus cartas? ¿Quién es quién en cada personaje?

El convento es una abstracción de una vida, la mía, llena de afectos y desafectos, más de lo primero que de lo segundo. Las hermanas son las mujeres que viven en el corazón del convento, que es el mío: sor Amor-sor No, sor Casta-sor Raimunda, sor Marca Pola (de la que todavía he contado poco o nada), sor Alicia del País de las Maravillas y algunas más, unas de las que todavía no he hablado y otras que, por hacerlas menos identificables, toman nombres distintos en distintos momentos.

El convento -mi vida- está lleno de mujeres, mujeres que me aman y amo, que me amaron y amé. Mujeres a las que admiro, fuertes, sencillas, complicadas, vestidas, desnudas, armadas, desarmadas, del pasado, del presente, presentes, ausentes, permanentes, de paso. El convento -mi vida- está construido de afectos de mujer distintos, insustituibles, estrechos e imborrables.

El convento es de la Orden de Lesbos y sin embargo no todas las hermanas son lesbianas.

El convento es de clausura, lo que no implica que tenga numerus clausus, aunque no se puede salir de él fácilmente: si estás en el convento -en mi vida- eres libre de alejarte o acercarte pero, con casi toda seguridad, te quedarás en mi corazón.

Alguien se lamentó un día de nuestros votos de castidad, pero ¿quién habló jamás de tal voto en tal convento?

Última hora

Comenzamos el año nuevo de enhorabuena: 
  • Sor No se ha desnudado, ha guardado en el armario su hábito de malla de acero y su escafandra de cristal insonorizado, ahora podemos oírnos y no me duele abrazarla. Secretamente vuelvo a llamarla sor Amor.
  • Sor Raimunda se ha enamorado. Lo bien que le sentó la merienda-cena con sor Virtudes y el subsiguiente cambio de nombre.
  • Sor Misterio se ha instalado en el convento, celda 17.
  • Esta Nochevieja he llevado bragas rojas, regaladas.
  • El día de Año nuevo he ganado un bingo y una línea y además me he resfriado (por pasar pronto lo malo).
  • En esta semana voy a tener el honor de alojar en la celda 21 -celda VIP- a una de mis más queridas amigas. No sé si viene de incógnito. De no ser así ¡que se manifieste!

sábado, 10 de diciembre de 2011

Sor Ella, sor Amor y sor No

El espíritu de sor Virtudes escribió esta entrada:

Estáis deseando conocer la carta que dejé a Gutapercha, pero es ella quien tiene que desvelar o no su contenido. Entretanto y mientras sor Ella sigue con siete vueltas de llave en su celda, os hago llegar mi humilde saber y entender sobre el porqué de su encierro. No dejo juicio alguno, sino el testimonio de lo que observé en vida y en muerte. Solo me atrevería a hacer una recomendación saludable: Que sor Ella deje de andar desnuda por el mundo y que sor Amor se cambie el hábito por uno más cómodo que no le impida sentir ni dejarse sentir.

Sor Ella y sor Amor se amaban desde siempre, aunque hablasen diferentes idiomas y sus hábitos estuviesen hechos de distinto material. Solamente la piel era capaz de traducir los sentimientos de ambas a un lenguaje común que nadie más podía entender sino ellas mismas. Así, cuando se desnudaban, bastaba el roce de la yema de los dedos para que se iniciara la transmisión de emociones. Ya en ese momento comenzaban a escuchar y comprender las palabras de amor y de ternura que vestidas no podían entender una de la otra. En el aire sonaban cada vez con más fuerza todas aquellas palabras ahora traducidas por la piel: te quiero, te deseo, mi amor, mi vida, quédate conmigo, te amo.

El hábito de sor Ella era de seda de algodón y casi nunca llevaba cofia porque le impedía oír bien. Aunque más de una vez en la vida se había dejado aconsejar sobre vestimentas protectoras y se las había llegado a poner, se daba cuenta de que así no podía sentir y se las quitaba de inmediato. Ella siempre prefería sentir aún a costa de ser vulnerable. Por eso, si no llevaba aquel hábito era porque estaba desnuda.

El hábito de sor Amor era de malla de acero, largo y pesado, adornado de pequeñas púas brillantes, que cubría todo su cuerpo desde la punta de los dedos de pies y manos hasta el cuello. Por cofia llevaba una escafandra insonorizada de cristal irrompible.

Sor Amor se sentía vulnerable sin su hábito y, para que notase que no corría peligro alguno mientras estaban juntas, sor Ella se le acercaba desnuda y la abrazaba, a pesar de causarse arañazos y pinchazos por todo el cuerpo. Mientras tanto, ambas se decían palabras de amor que la otra no podía oír por aquella escafandra insonorizada de sor Amor. Sor ella le decía ¡desnúdate!, pero sor Amor no la escuchaba. Se lo decía con gestos y sor Amor negaba y negaba con el miedo en los ojos detrás de su cristal irrompible. Aunque desde dentro de su escafandra gritase ¡te quiero, sor Ella!  y desde fuera sor Ella le gritase ¡te quiero, sor Amor!, ninguna podía oír a la otra.

Sor Amor dejó de quitarse el hábito y la escafandra durante mucho tiempo. Solamente una vez en aquel tiempo, mientras se abrazaban, sor Ella consiguió que sor Amor accediera a quitarse un guante y de ese modo, aunque sor Ella se estuviera arañando con el hábito de sor Amor, ambas se durmieron mientras la piel de las manos de ambas traducía en sentimientos dulces las palabras sordas de una y otra.

Pasó mucho tiempo hasta que sor Ella decidió una noche dejar de gritar palabras que sor Amor no podía escuchar. Se cansó de desnudarse, de dejarse arañar, de no poder notar los sentimientos de sor Amor. Suponía que estaban ahí ocultos detrás de su hábito de metal y su escafandra de cristal irrompible, pero a fuerza de no sentirlos dejó de creer que existieran. Nunca más pudo conseguir que sor Amor se desnudase, ni siquiera una mano, para amarse juntas por lo menos a través de unos centímetros de piel. Sor Ella le cambió a sor Amor el nombre por el de sor No, a la vez que se sentía morir por las heridas, la incomunicación y el abandono. Fue entonces cuando tiró la toalla, hizo salir del convento a sor No y se encerró en su celda con siete vueltas de llave.

jueves, 24 de noviembre de 2011

La mala memoria


Apenas te olvido
me pides un tango
lo bailo contigo
escucho tu alma
me miro en tus ojos
te mezo en mis brazos
me abrasa tu boca
te falta el aliento
me vuelvo de fuego
te vuelves de agua.

De pronto recuerdo
que no te he olvidado
que tú no me olvidas
y al instante olvido
las veinte razones
por las que aquel día
me impuse olvidarte.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Que me quiten lo bailao...

Éramos felices cuando estábamos juntas y ya entonces te lo decía: Si esto un día se acaba, que me quiten lo bailao.



Qué bonito es este tango, mucho más lindo que la homónima y eurovisiva canción. Dice más y sabe mejor. Escucha, cierra los ojos, imagina que lo bailas, no importa si no sabes, con la imaginación todo puedes hacerlo, todo se puede sentir. Te suelto, te recojo, me miras con despecho, te miro con deseo, te alejas, me buscas, me abrazas, te beso, te dejas... La pasión, que es como un tango. La vives mientras lo bailas.
Baila, hermana, baila. Y que luego nos quiten lo bailao
Si tu navegador no admite reproductor de tipo Flash, no te queda otra que oír la música con este enlace a Goear y aguantar la publicidad.


lunes, 7 de noviembre de 2011

Reparar sueños

Haber dejado caer accidentalmente en sueños un trozo de tarta tiene para mí un significado bastante claro, sobre todo viniendo el regalo de quien venía, nada más y nada menos que de sor Amor, y me he dado cuenta de que en los últimos tiempos he ido perdiendo trozos de tarta también en la vida real, unas veces por desgana, otras por despiste y otras por desconfianza o miedo.

El viernes pasado estaba yo en estas y otras meditaciones cuando tocó y abrió tímidamente mi puerta una novicia recién llegada a la que no había visto aún. Colorada y cabizbaja, me ofreció un pequeño paquete. Una vez lo dejó en mis manos, se marchó tan deprisa que se le volaba el hábito, sin darme tiempo de darle las gracias ni despedirme de ella, ni mucho menos de preguntarle qué era aquello o quién me lo enviaba.

A solas con el paquete en la mano, comencé a abrirlo y apareció una tarjeta con el siguiente mensaje: Espero que esta vez no lo dejes caer al suelo. En el interior había un jugoso pastel, que dejé cuidadosamente sobre la mesa antes de salir corriendo  hacia la celda de sor Amor, pero tuve que correr poco rato porque me estaba esperando en el primer recodo del pasillo. Durante tres días he degustado y compartido con ella ese y otros dulces, atentas ambas a no dejar caer ni una miga.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Dormir ligero, soñar pesado

Hace ya mucho tiempo que duermo ligero, es un sueño de esos que te hace despertar a cada rato y que te deja la sensación de que has estado despierta mientras realmente estabas dormida. Sabes que has dormido porque es imposible que hayas estado pensando esa sarta de tonterías que vas recordando en los intermedios, mientras vas al baño o te ajustas las sábanas.

Anteanoche, sin ir más lejos, soñé que sor Amor venía por calles y tiendas junto a mí y a otras personas sin rostro. Cuando me acercaba o le hablaba, se giraba, no quería ni verme ni oírme. Durante todo ese tiempo, sor Amor era muy bajita, estaba fea y despeinada, ni su cuerpo ni sus facciones eran las suyas, pero yo sabía que era ella. Tenía un pellizco en el estómago por su fealdad, fea por ignorarme. Al rato, durante el mismo paseo, sor Amor me acompañaba a una tienda de artesanía en la que yo quería comprar una ensaladera gigante para hacer la receta de ensalada que ella me enseñó. Entonces era tan guapa como es en realidad, pero más alta, muy bien vestida con falda, botas, una blusa azul celeste y un pañuelo de colores alrededor del cuello, y yo era casi feliz, no del todo porque recordaba que un rato antes ella había sido fea y tenía miedo de que volviera a transformarse.

Cuñita de jugosa tarta
Ayer tuve sueño toda la mañana. Durante minutos o segundos me dormí en la biblioteca, me dormí en la sala de lectura, me dormí en el refectorio, me dormí en un banco del claustro. Por la tarde, ya en mi celda, quise irme a la cama y dormir como mandan las diosas. Cinco minutos pude dormir, y en ellos soñé que sor Amor y yo íbamos de nuevo por calles y tiendas, pero esta vez solas. Ella compró algo en un bazar deslavazado, después fue a un estante y cortó una pequeña cuña de tarta que me dio a comer mientras ella iba al servicio. Era exquisita, la mejor tarta que jamás hubiera probado. No podía creer que en un lugar así pudiera encontrarse un manjar tan delicioso, yo no habría reparado en él, solo ella pudo hacerlo y lo había puesto en mi mano con una mirada llena de amor. Mientras ella iba al baño, y apenas le había dado un mordisco al trozo de tarta, el resto se me cayó al suelo y de pronto sentí desesperación. Quise pedirle a la dependienta una cucharilla para comerme la parte que no estaba en contacto con el suelo. Quise limpiarlo todo para que cuando ella saliera del baño no viese que su trozo de tarta se había convertido en una informe masa estrellada.

En ese punto desperté, aún con ganas de seguir comiendo de la tarta que sor Amor me había dado, con tantas ganas que tuve que pedirle a la hermana portera, que no es de clausura, que saliera a comprarme un trozo de tarta como aquel. Le tuve que explicar cómo era, a qué sabía, cuál era su textura... Volvió con uno bastante parecido y me lo comí con deleite. ¡A tu salud, sor Amor!

sábado, 29 de octubre de 2011

La primera vez que...

Hay muchas cosas que nunca nos han ocurrido ni creemos que nos vayan a ocurrir, como enamorarnos dos veces de la misma persona. Cuando la relación terminó años ha, cuando se hizo el duelo y el recuerdo ya no te hace reír ni llorar, el amor se puede dar por terminado y puedes ver a aquella mujer sin los adornos que le pusiste al enamorarte, desnuda, con sus defectos y sus virtudes. Entonces puedes llegar a pensar qué locura de vida habría sido aquella, que aunque quede el cariño nada mejor pudo ocurrir que una separación, o que tal vez habría sido bonito en otras circunstancias, pero hasta esto se piensa sin énfasis ni nostalgia alguna.  El deseo desaparece, de todo fuego no quedan ni las cenizas y si alguna vez se te ocurre pensar si podrías enamorarte otra vez de ella, se te arruga la nariz: o se ha convertido en algo así como tu hermana o en alguien indeseable que no quieres a tu lado ni en pintura. Sea como sea, se te arruga la nariz solo de pensarlo.

Aunque la conocí cuando ya tenía años y experiencia suficientes como para creer saberlo todo, ella fue la primera que me hizo notar partes de mi cuerpo que creía insensibles, la primera para la que no busqué puente que borrase sus besos de mis labios, la primera que me ocupé de olvidar paso a paso, duelo a duelo, hasta que se fue volviendo un recuerdo sin pena ni gloria, la primera con la que compartí unas emociones de tal intensidad que la relación no podía durar sin quemarse más de un puñado de semanas. Pero lo más importante y curioso a la vez es que ella fue la primera de la que pude enamorarme años más tarde con la misma intensidad que la primera vez, la primera a la que tuve que hacerle un segundo duelo. Y como no hay dos sin tres, quién sabe si dentro de unos años volverá a llamar a mi puerta y yo, olvidada qué me habré creído de ella, volveré a sentir la misma pasión otra vez, a amarla con la misma fuerza y a llorarla con la misma pena un puñado de semanas más tarde. No me aterra el pensarlo, aunque quizás debiera.

P.S. Y ahora que lo pienso ¿quién dijo que es necesario pasar el duelo sin usar puentes y que así es cuando la historia se olvida y se entierra para siempre? Mira por dónde, para una vez que no puenteé...